Desde los 11 años de edad, cuando se mudó de Cuba a Estados Unidos, María hizo de Hialeah su hogar. Ha tenido impresionantes profesiones en Hialeah, desde roles en el área de hospitalidad y como decoradora de pasteles hasta un puesto de trabajo en una estación de bomberos y también como manejadora de perros de exhibición. Sin embargo, lo que más anheló siempre fue “people, people, people” (“gente, gente, gente”) el contacto con la gente. Por eso, nos contó que mientras buscaba nuevas oportunidades, hubo un momento en el que todo cambió para ella.

Mientras visitaba amistades en Atlanta conoció a una mujer, miembro del equipo de Chick-fil-A, que sin saberlo le cambiaría la vida. Al entrar al restaurante, esa mujer le dio la bienvenida, saludándola por su nombre y con tanto cariño que la conmovió. Fue ahí cuando María supo que quería llegar a tener ese mismo impacto con las personas de su comunidad. Desde ese momento, en María brotó una nueva inspiración y una nueva meta que la encaminaba a su nuevo paso laboral.

Cuando se inauguró el Chick-fil-A de Hialeah en 2020, María inmediatamente solicitó empleo. En menos de lo que imaginaba, estaba contratada. Desde entonces, su trabajo ha sido dedicar sus esfuerzos a que las personas se sientan en casa cada vez que estén en su comedor. A María le encanta recrear, para los visitantes del restaurante en Hialeah, esa sensación que ella sintió cuando visitó por primera vez aquel restaurante en Atlanta, pero le agrega su propio toque de calidez. “Me gusta ser la persona que los recibe y les da la bienvenida, tratarlos como si fueran familia desde el momento en que pasan por la puerta."

Un hogar lejos de tu hogar

 “Sinceramente, al principio me preocupaba por mi comunidad porque hay muchos lugares donde comer aquí en Hialeah y me preocupaba la idea de que un día fuera a llegar alguna empresa grande. Pero Chick-fil-A no ha hecho más que ofrecer una cálida bienvenida. Ha proveído trabajos, becas y oportunidades para la gente de Hialeah”.

Resultaría que María no tenía nada de qué preocuparse. Su propia manera social y carismática fue el cambio que ella quería ver en su entorno. “Quiero que las personas sientan que no tienen nada de qué preocuparse cuando están conmigo, somos todos una familia”. Y María verdaderamente es ‘la reina’ del comedor. Ella tiene una calidez amigable que se alinea con la hospitalidad y los valores de Chick-fil-A. Maria agrega esa sensación hogareña de “mi casa es su casa” a un ambiente que de por sí ya brinda calidez. Ese toque personal de “un hogar lejos de tu hogar” que nace de María, se esparce en la comunidad que atiende con cariño. Ella tiene un don para hacer sentir bienvenidas a las personas de todos los ámbitos de la vida, especialmente a su comunidad latina local.

Lo que más disfruta de su trabajo en Chick-fil-A es la comunidad y relaciones que ha logrado crear. Sus invitados habituales favoritos, los chicos, o como ella les llama “mis muchachitos,” llegan durante su hora de almuerzo. Ella sabe que ellos nunca faltan. Y ellos cariñosamente la llaman “abuelita”. Las abuelitas son quienes mantienen unida a la familia, especialmente en las familias latinas. Y María hace que sus invitados se sientan a gusto, como si fueran parte de su propia familia.

Cuando los ve venir desde el estacionamiento, ella empieza a preparar sus almuerzos antes de que siquiera lleguen a la puerta, dándole a los chicos tiempo para pasar un rato tranquilo, charlando y disfrutando de sus almuerzos. Mientras ellos disfrutan sus almuerzos y platican sobre sus novedades, María les trae lo que necesiten, desde salsas a consejos sabios.

“Se trata de las pequeñas cosas, de un momento cualquiera en el que ayudas a abrir un paquetito de kétchup y los vas conociendo para saber realmente cómo les va en ese día. Quiero que las personas sientan que no tienen nada de qué preocuparse cuando están conmigo, somos todos una familia”.